
Una curiosa historia que puede hacerse realidad en algunos centros donde autoridad reina por su ausencia. Y no hace falta enseñar el evangelio para ser martirizado por esos elementos rebeldes que solo quieren pasar de curso, beber alcohol y torear al profesor. Luego los padres defienden a sus poyuelos, pensando que el profesor es el causante de que su familia vaya mal. Y para colmo el Ministerio de Educación nos obliga a hacer cursos y cursillos para que arreglemos un problema que no es nuestro. Asi que, Casiano, tienes aqui otro compañero que suplica tu intercesión.
1 comentario:
Desde México, un saludo. En verdad me ha hecho reir la reflexión, al menos ya sé a quién encomendarme antes del inicio del curso.
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