Hemos podido sentir la presencia del Cristo vivo en las oraciones ecuménicas con signos trascendentes que sólo entendemos los que estamos iniciados. La única manera de recibir mensajes más allá de lo convencional de internet, la televisión o el vecino de la esquina es ir a la frontera entre la humanidad y la divinidad.
Si creéis que voy a relataros pormenorizadamente el encuentro, queridos espías de la red, estáis muy equivocados, porque la presencia de Dios se vive con todo el cuerpo y el alma, no sólo con los ojos. He presenciado mi fe dialogando con grandes teólogos, he sentido lo que pide el pueblo español, he disfrutado del límite entre la realidad y la ficción: los evangelios, he oído la palabra de Dios encarnada... ¿algún problema?
1 comentario:
ja ja ja
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