En cualquier caso la cantidad de asistentes no equivale a calidad y los temas de conversación giraron en torno a actividades de deportes, enfermedades varias y Tribunal Constitucional incluido y, ¡cómo no!, a los sabores de la comida. Sorprendió el Cariñena que nos sirvieron, quizá demasiado fuerte al paladar, aunque consistente. Con una copa me valió para estar "entonao".
El Restaurante Las Palomas tenía los muros pintados de rojo pompeyano y quizá demasiado bullicio para mis oídos. En la planta de arriba se instaló un grupo de jóvenes, imagino que los de selectividad. Así que vivimos una aproximación a la fraternidad, si bien no completa del todo.
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