
Con un público adulto y una puesta en escena sobria pero efectiva, aparte de los dos actores-rapsodas nos encontramos con acompañamiento musical de guitarras. La iluminación roja simbolizaba claramente la sangre que encontraba el poeta granadino detrás de las divisiones de las oficinas neoyorkinas. Una mezcla de recital poético, drama y concierto de cuerda. Intenso.
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