
En el caso del latín la cosa no sería muy diferente. Tradicionalmente se asociaba a clases acomodadas (la Iglesia oficial, los humanistas...), que con el paso del tiempo perdieron la plausibilidad. Ser profesor de una lengua implica relacionarse con otras clases sociales promoviendo un cambio lingüístico (sociolecto): la capacidad de determinada lengua para explicar el mundo contemporáneo. Desde esta perspectiva, resulta más necesario estudiar el peplum, las locuciones latinas en español o la serie Hispania. Pero advierto dos velocidades en este análisis social:
* los académicos, preocupados por la precisión de la lengua
* los contemporizadores, que establecen relaciones entre el mundo clásico y el moderno.
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