
Cuando sube al trono Felipe III a fines del siglo XVI, Lupercio Argensola fue nombrado cronista real. Le tocó la difícil tarea de narrar las alteraciones de Aragón de 1591 con la decapitación del último Justicia Mayor. Compartía tarea con el Padre Mariana y con Justo Lipsio, gran conocedor de Tácito. Todo ello ha sido explicado en este año de su centenario.
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