
Me alegro enormemente que los nacionalistas vascos y catalanes hayan perdido votos, porque no estamos en el romanticismo nacionalista del siglo XIX. También ha perdido IU, cosa que sorprende a los que sabemos que en realidad no tiene nada que ver con el comunismo soviético, donde los comunistas de corazón tienen una entereza moral que aquí no hay. Y para terminar me alegro de que el partido de Rosa Díez haya conseguido al menos un diputado, una especie de Labordeta en unos tiempos en que no cabe la poesía en el Congreso de los Diputados.
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