Sólo han sido dos horas. De hecho ha costado otras dos horas ir y venir desde Zaragoza, pero ha merecido la pena ver cómo algunas calles terminaban en un monte de pinos, las calles empedradas sin circulación de coches y el buen tiempo que nos ha acompañado a mi amiga y a mí durante nuestra breve pero intensa estancia.
Merece la pena estas rápidas visitas por la arquitectura de Aragón: el ladrillo, las torres mudéjares, los aleros de las casas solariegas... Ha habido un momento en que el pueblo se fundía con el monte y no sabía si subía una calle o una cuesta entre pinos. Excelente.
1 comentario:
Me alegro de que disfrutaras de mi antiguopueblo.Da gusto encontrarse casualmente con blogsa en los que aún podemos ver también a gente tan especial como tú. Ánimo, me encanta tu blog.
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