
Tradicionalmente esta acumulación de trabajo estaba en manos de los alumnos: cientos de fotocopias, libros, apuntes... Ahora se han vuelto las tornas y la víctima del sistema desarrollista es el profesor, impelido a innovar sin fin en una carrera alocada por llegar a ninguna parte. Cuanta más informática sé, menos salgo de casa. Ad extra.
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