
Sin embargo, el autor desconfía de Platón, porque el disfrute del mundo real sólo es de manera intelectual y no placentera. No da alternativa, pero deja entrever que el mito de la caverna es un mero constructo mental. Sentimos por la piel y es el sentido que menos nos engaña. La vista y el oído están sobreutilizados por los medios de comunicación y nos engañan. Muy platónico al fin y al cabo
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